
Y ahora qué hago yo con este nombre
que de mis labios escapa sin derecho a sentir
mas que esta soledad y quietud tan enormes
en que el triste olvido cuadra mi existir
¡Ah cuánto cuesta ser una rosa entre mil flores!
¡Ah cuánto duele las propias espinas sentir!
Clavadas en el alma por el que una vez con mi nombre
tejiera un gran sueño una noche de Abril…
Pero no es mi tristeza lo que mi alma recoge
es la desilusión que creció aquella noche febril
cuando enojada por la ausencia de sus amores
un justo reclamo con un adiós le esgrimí
Y por el pan que hubo en la mesa no temas, no llores
que a Dios le he pedido, se apiade de ti,
le he suplicado te colme de todos los dones
para que al menos valga la pena mi ancho sufrir…
Y es mi soledad producto de tu olvido
y es mi amor figurilla de rompecabezas sin fin;
acaso es para mí el amor sentimiento prohibido
y la soledad un estado omnipresente en mí…
Yo quiero fingir y no guardar recibo.
Yo quiero sentir y no más permitir,
que la soledad me sirva de ajustado abrigo
ni que la tristeza me transforme en ser vil
Elizaberh Urribarrí
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