viernes, 16 de enero de 2009

Perdona mi...


Perdona mi tristeza,
pero hace mucho tiempo te llevaste mi alegría,
y hoy sólo queda una rosa seca,
como seca tengo el alma mía...

Perdona mi franqueza,
pero me has dejado toda tu melancolía;
y entre las manos, caricias muertas,
como muertos los sueños de otros días...

Perdona mi simpleza,
pero yo creí en ti y en tus mentiras,
que resultaron ciertas y funestas...
Como funesta suena hoy mi lira...

Perdona mi nobleza,
pero te devuelvo, a cambio de mi vida,
las horas más descompuestas,
en el reloj de mi conciencia perdida...

Perdona mi pobreza,
mi mayor tesoro era, lo que por ti sentía;
y hoy, que tu olvido sacudió su pereza,
mis alforjas quedan, rasgadas y vacías...


Elizabeth Urribarrí

miércoles, 14 de enero de 2009

Érase que...



Érase, como siempre, que la belleza
y la inocencia entre ellas competían...
Érase que soñaban despiertas,
aunque soñar no debían...

Érase una rosa entreabierta
que al suspirar más se abría;
aunque la envidia, al ser descubierta,
provocase aprensión y un poco de rebeldía...

Érase que estaba dispuesta
a obsequiarles de sus ambrosías...
Pues es fácil actuar encubierta
cuando el amor, nace de la fantasía...

Érase que no siempre se va el que se aleja...
Y del que se esconde, nada que esperar deberían...
Érase que en su alma era tan buena
que hasta sus sueños palidecían...

Érase que no siendo una flor
el aroma de rosas impregnaba su vida;
y a su alrededor, aún marchito el amor
revoloteaban colibríes suicidas...

Érase que mojaba las sábanas
por quien querer, no podía;
érase que soñaba despierta
por el que jamás la querría...

Érase que nació indefensa
e indefensa la cogerían:
el amor y las sorpresas
que le reservaba la vida...


Elizabeth Urribarrí

martes, 13 de enero de 2009

En esta mañana lluviosa...


En esta mañana lluviosa
afloran por demás las penas,
se empapa... Y cae la rosa...
Mientras los demás ni se enteran...

¡Guarda tu polen!, pequeña rosa;
aguado en el llanto del más triste olvido...
Que en el suelo no te llegarán mariposas,
pero serás nutriente absorbido...

Y al tiempo que corren las aguas,
a ocupar su lugar más tranquilo...
La rosa, quizá no renazca...
Pero no quedará sin sentido,
tanta belleza y pasión regalada
en el poco tiempo que ella ha vivido...
Elizabeth Urribarrí