
Rosa que candorosa entibias
las inocentes manos que la niña asoma
apártala de tus espinas
y embriágala con tu aroma.
No perjures-por tu bien-
con dolor o un maldecir;
y adorna más bien su sien,
qué no te recuerde por vil…
No dejes que te haga ufana la belleza,
que no es belleza la que tu polen guarda,
si al caer de los celos presa
con tus espinas desgarras…
Rosa que en la rama dormitas,
despierta en la mano que os toma
prodigando con candor las caricias
por tu delicada belleza y aroma;
perdona a la inocente niña
que de curiosidad se desborda
por desvestirte sin prisa
y desflorarte en su alcoba…
Rosa que guarece en reliquia
el recuerdo que siempre se asoma
precedes a toda la alquimia
que el pensamiento trasforma…
Renaces en cada huerta…
En cada mano que añora…
Vestirás pañuelos de seda
para morir a la sombra…
Elizabeth Urribarrí
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