sábado, 2 de mayo de 2009


Señora, no sintáis temor por esta rosa,
que prendida está a su tallo con ardor;
no me es posible evitar las mariposas
pero de mi savia yo prefiero su sabor…

No es por mí, que me atormento,
es más bien por vos, ¡creédmelo!
No espero giros inesperados del viento,
pertenezco al jardinero que bien me cultivó…

No es mi culpa que mi aroma engañe al tiempo.
Ni es mi culpa sonreír con esplendor.
En vez de sufrir rudo tormento…
Por qué no más bien practicáis con más ardor
la inteligencia de ser vos misma, y borráis del pensamiento
esas imágenes oníricas que sólo alimentáis vos…

Yo pretendí ser sinceramente vuestra amiga,
mas veo con tristeza que hoy los celos
han enfriado, con su envidia,
la tibieza de la amistad y del amor
de relaciones que para mal se damnifican;
mejor pruebe la dulzura de ser flor…

Yo me apeno, y me declaro herida,
mas no pretendo mortificaros con mi vos,
sólo os explico y os aclaro, como amiga,
que apuntéis vuestros celos para otro lado
que al parecer no tenéis conocimiento de las miras
y la perjudicada, en todo caso, siempre seréis vos.

Si bien es cierto que el que ha amado ha celado…
Es cuando estos sentimientos se vuelven obsesión
que se viene a toda prisa rodando cuesta abajo,
y en vez de retenerlo, sólo causaréis separación…

Un consejo, no pedido, pero igual dado:
Vos lo retendréis también siendo una flor.
Si no es rosa, quizá jazmín callado
u orquídea primorosa en estación…
En verdad el nombre de la flor es caso ufano,
conquistadlo con la seguridad en un vuestro corazón;
mas si no os merece, el descastado,
pues entonces id pensando, con valor,
en dejar al desgraciado que no sabe apreciar vuestro esplendor…

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