
Érase, como siempre, que la belleza
y la inocencia entre ellas competían...
Érase que soñaban despiertas,
aunque soñar no debían...
Érase una rosa entreabierta
que al suspirar más se abría;
aunque la envidia, al ser descubierta,
provocase aprensión y un poco de rebeldía...
Érase que estaba dispuesta
a obsequiarles de sus ambrosías...
Pues es fácil actuar encubierta
cuando el amor, nace de la fantasía...
Érase que no siempre se va el que se aleja...
Y del que se esconde, nada que esperar deberían...
Érase que en su alma era tan buena
que hasta sus sueños palidecían...
Érase que no siendo una flor
el aroma de rosas impregnaba su vida;
y a su alrededor, aún marchito el amor
revoloteaban colibríes suicidas...
Érase que mojaba las sábanas
por quien querer, no podía;
érase que soñaba despierta
por el que jamás la querría...
Érase que nació indefensa
e indefensa la cogerían:
el amor y las sorpresas
que le reservaba la vida...
Elizabeth Urribarrí
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